Reconocimiento del lugar e Identidad

Toda obra debe establecer un diálogo armónico con su entorno, para que las construcciones participen de una manera sutil con los escenarios naturales, integrándose como un “complemento” y no una distorción de este. De aquí deviene el hacer formas simples, austeras de piel, en donde los colores, texturas y volúmenes exteriores se sometan al lugar formando parte íntegra de él.

Cuando tienes que intervenir un bosque, una pampa, o lugares donde no existen leyes urbanas, debes comenzar a observar y comprender el lugar, descubrir sus propias leyes, para luego incorporarlas al momento de desarrollar el proyecto.

Constantemente vemos que la arquitectura predominante en estos días proviene de conceptos abstractos, inventados y fundamentados en la teoría de las palabras, es la forma por la forma, una arquitectura caprichosa y pretenciosa.

Necesitamos “PROYECTAR CON LA NATURALEZA” y no en CONTRA de ella.

La idea es que las personas que habitan el lugar a través del tiempo, se sientan identificadas con el tipo de arquitectura que proponemos.

La buena Arquitectura debe ser concebida tomando en cuenta la cultura del lugar, su gente, su historia, la geografía, el clima, todos estos elementos son los que de alguna manera van a determinar la IDENTIDAD de las obras.

Son herramientas que nos ofrece la naturaleza para cultivar una arquitectura propia, que tiene sus fundamentos firmemente posados sobre la  tierra.